Mira el video del genio de Santi Korovsky, es lo más sencillo para entender de qué se trata esta propuesta. Y no, no hace falta que actúes. Ver y escuchar escenas de quienes están en la misma que vos, te abre muchas puertas. Además de ser una experiencia maravillosa.
Nos dicen que hay que aprender de los errores, pero hay errores que, lejos de enseñarnos, nos hunden más profundo. No basta con errar para aprender, si no seríamos todos sabios. Necesitamos una mentalidad particular y ciertos vínculos o entrono para que eso ocurra.
A la vida le importa poco si estamos preparados o no para enfrentar lo que nos toca. En la vida real, no podemos pausar una conversación y ver cómo se siente el otro. No podemos rebobinar una decisión y probar qué pasaría si actuamos distinto. No podemos sacar ese elenco de personajes que tenemos dentro y mirarnos desde afuera.
Pero acá sí.
Soy Damián Kaplan, doctor en Psicología, psicoanalista vincular y especialista en psicodrama.
Y te entiendo: si ya intentaste cambiar y no pudiste. Si leíste, hablaste, reflexionaste… pero al final terminaste en la misma.
Porque el cambio no se da en la cabeza: se da entre la acción y la reflexión.
Yo lo descubrí en carne propia. Siempre fui racional, analítico. Mi manera de “enojarme” era escribir un artículo sobre la ira. Hasta que me crucé con el psicodrama.
La primera vez pensé: “esto es un delirio, no es serio”. Pero después vi algo que me dejó pensando: gente que al representar una escena se conmovía y cambiaba en ese mismo momento.
Me animé también, y ahí entendí: hay cosas que no se resuelven pensando o hablando, solo viviéndolas.
Desde entonces, me dedico a acompañar a otros, a atravesar escenas temidas y abrir paso a las deseadas. En el medio traigo todo lo que me gusta: la literatura, el teatro, el deporte, el dibujo, la filosofía. Mundos distintos que me ayudan a pensar y a ensayar la vida con otros.
En mis grupos y programas la propuesta es clara: animarse a explorar sin miedo a las consecuencias. Como un simulador de vuelo, pero para la vida cotidiana.
Podés frenar una escena justo en ese momento incómodo y ensayar otra respuesta. Podés cambiar de rol y mirar con los ojos del otro.
Podés verte desde afuera y sorprenderte con lo que nunca habías notado.
Acá no vas a hablar de lo que te pasa, vas a vivirlo de otra forma, con palabra incluidas.
Y cuando eso pasa, el cambio deja de ser idea y empieza a ocurrir.